Auditores: la información documentada vive dentro de IA, no en carpetas!!

Made, autora de MADE Opina

Made

Autora del blog MADE Opina. Comparto reflexiones personales, aprendizajes y miradas sobre el mundo actual.


Esta mañana escuchaba el audiolibro Sapiens: De animales a dioses, de Yuval Noah Harari, y una frase se me quedó dando vueltas durante horas:

“(Nosotros), animales sin importancia, hemos avanzado desde las canoas a los galeones, a los buques de vapor y a las lanzaderas espaciales, pero nadie sabe adónde vamos. Somos más poderosos de lo que nunca fuimos, pero apenas tenemos idea de qué hacer con todo ese poder.”

Harari reflexiona sobre el progreso humano en las últimas décadas: nos hemos convertido en dioses tecnológicos, pero seguimos avanzando sin una dirección moral clara.

Si repasamos lo que ha ocurrido en los últimos años, cuesta no estar de acuerdo. Lo vemos cada día: TikTok, Instagram o X descubrieron que el algoritmo que más engancha es el que dispara la ira, el miedo y la polarización, porque eso genera más “engagement”. Durante la pandemia, algunos gobiernos usaron datos de los móviles para rastrear contactos, pero rara vez se habla con claridad de qué ocurrió después con esos datos. Slack, Teams o el email nos permiten estar siempre conectados y, como consecuencia, cada vez más personas siguen trabajando hasta altas horas desde casa. Y hay muchos más ejemplos. El denominador común es el mismo: grandes avances tecnológicos acompañados de una alarmante ausencia de reflexión moral.

La IA reproduce hoy, casi palabra por palabra, la estructura de la reflexión de Harari:

  • Canoas → Lanzaderas: Hemos pasado de máquinas que calculan lentamente a sistemas que generan texto, imagen, código, estrategia
  • Sin saber adónde vamos: Los propios investigadores de IA en Anthropic, OpenAI, DeepMind no tienen consenso sobre qué hará una AGI o cómo controlarla
  • Poder sin sabiduría: Podemos entrenar modelos que se vuelven más capaces, pero nuestras herramientas de alineamiento/control no avanzan al ritmo del poder

ChatGPT hace en segundos lo que a una persona le llevaría horas. DALL·E genera imágenes. Copilot escribe código.

La advertencia de Harari sigue intacta: somos poderosos, pero no siempre sabemos qué hacer con ese poder.

Auditar es elegir estar alerta

La IA replica este dilema perfectamente. Tenemos máquinas que generan texto, código, decisiones en segundos. Máquinas que pueden ser usadas para bien o para mal, sin que haya nada en la máquina que lo distinga.

Pero hay algo que sí sabe distinguirlo: la presencia deliberada de alguien que se atreva a preguntar.

“¿Quién aprobó esto? ¿Está documentado? ¿Sigue vigente lo que se está citando como verdad? ¿Quién verifica esto?”

Esas preguntas no son técnicas. Son morales. Son preguntas sobre responsabilidad, sobre si lo que estamos haciendo está alineado con lo que dijimos que haríamos.

Imagina una organización donde una IA corporativa se despliega sin que nadie pregunte nada. Donde cita políticas que no existen como si fueran verdad. Donde 70, 700 personas toman decisiones basadas en lo que el sistema les dijo.

¿Es un fallo de seguridad? Sí. ¿Es un fallo técnico? Quizás. Pero es, antes que nada, un fallo moral: la decisión de no verificar, de no cuestionar, de no mirar.

Y es precisamente aquí donde la auditoría deja de ser una función técnica o burocrática, y se convierte en una postura ética.

La transición inevitable no es que los auditores aprendan código o machine learning. La transición es que los auditores — cualquier auditor, de cualquier disciplina — se nieguen a mirar para otro lado cuando la IA está en el centro de lo que documenta, comunica y decide.

Porque si la auditoría es el guardián de la información documentada, y la IA es ahora dónde vive la información documentada, entonces auditar la IA no es una opción técnica. Es una obligación moral.

Harari escribió que los dioses sin dirección moral son peligrosos. Nosotros estamos creando dioses cada día. Alguien tiene que estar en la sala diciendo: "Espera. ¿Esto está bien? ¿Esto es lo que quisimos?"

Ese alguien es el auditor. No porque sepa programar, sino porque se atreve a preguntar.


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