Carta a mi madre

Hoy, desde la distancia, pero con el corazón completamente unido al tuyo, celebro uno de esos momentos que quedan grabados para siempre: tu defensa del TRABAJO DE GRADO para obtener el Título en Sagradas Escrituras.

Aunque tú estás en Guatemala y yo en Valencia, te juro que sentí cada palabra, cada sonrisa y cada emoción. Porque contigo, mamá, nunca ha habido distancia posible: tu fuerza, tu fe y tu amor siempre han sido ese hilo invisible que me acompaña dondequiera que esté.

Eres una mujer fuerte, dulce y profundamente espiritual. Has vivido tus valores con coherencia, incluso cuando la vida fue dura contigo. Te quedaste viuda muy joven, con tres pequeños, y aun así seguiste adelante sin vacilar, con dignidad, con ternura y con una fe inquebrantable. Nos enseñaste que nunca se traicionan los principios, que la verdad, el esfuerzo y el amor son el camino, incluso cuando todo parece cuesta arriba.

Recuerdo tantas escenas que llevo grabadas en el alma…
Aquel día en que, siendo una niña, me tiré al suelo llorando y dando patadas (ay de aquellos palos estas astillas) y tú, sin perder la calma, te sentaste al piano y comenzaste a tocar La Cucaracha. La rabia se me fue al instante del susto que sentí buscando el bicho..... ay el llanto que se volvió una carcajada....

Recuerdo también verte llegar a casa al mediodía solo para almorzar rápido con nosotros y luego salir corriendo a tu otro trabajo. O los días en que nos llevabas contigo al centro de salud de Pinula, porque no había quién nos cuidara, y te esperábamos afuera del consultorio mientras tú pasabas consulta.
Y me vienen a la memoria también aquellas primeras fiestas a las que fui, a tu lado, porque incluso entonces me hacías sentir segura, acompañada, amada....

Has sido muchas cosas, mamá: una profesional entregada, una mujer valiente, una madre ejemplar. Pero sobre todo, has sido mi guía espiritual. La persona que me enseñó a rezar, a mirar hacia dentro, a confiar en Dios y en la vida.

Hoy, ya jubilada, sigues inspirándome con tu curiosidad, tu pasión por aprender y tu fe. Verte estudiar teología y defender este nuevo logro me llena de orgullo, pero también de ternura: porque sé que detrás de ese título hay una vida entera de entrega, de amor y de propósito.

Gracias, mamá, por ser mi ejemplo, mi raíz y mi refugio.
Por recordarme siempre que “todo tiene su tiempo” y que la fe mueve montañas.

“Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado.”
— Romanos 10:9

Con todo mi amor,
Tu hija, que te admira y te agradece por siempre.

Made, autora de MADE Opina

Made


Entradas populares